
Un sueño que tuve inspiró este texto que escribo desde lo más profundo de mi ser.
Últimamente me siento solo, vacío. Siento la gente que me rodea, escondida entre las sombras. Las temo pero a la vez las ansío. Me llaman hacia la oscuridad, pero me resisto. Me gritan, me aclaman desde las tinieblas, atrayéndome hacia el abismo de la desesperación y la locura. Necesito que mis cuatro ángeles me lleven de nuevo a la luz, pero las tinieblas me tienen bien sujeto. Intento resistirme, pero no puedo. Intento luchar, pero no me lo permiten. Entonces algo ilumina mi oscuridad. Un resplandor anaranjado brilla sobre los árboles del bosque nevado de mi reino. Un fuego descontrolado amenaza la serenidad de mi mundo. El fuego se dirige hacia mí. Intento huir pero el calor me atrapa y se funde conmigo. Cuando consigo huir me doy cuenta de que sólo yo puedo apagar ese incendio. Un calor incontrolable que amenaza con llvarme de nuevo a las tinieblas. Huyo de él, pero me rodea, me atrapa cada vez más. Entonces lo apago, pero vuelve con más intensidad. Me pide más, y más y más. De nuevo me veo solo en la oscuridad. Una carta llega traída por el viento desde las oscuras lejanías. Una carta que guarda dentro mis más profundos temores, mi mayor pesadilla. Entonces la tiro, la hago pedazos, la destrozo, pero no sirve de nada, porque las tinieblas me atrapan de nuevo. Mis alas están atrofiadas. Intento volar con mis ángeles, pero se van sin mi. Ansío su retorno para poder volar libre hacia las soleadas costas de la tranquilidad.
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