Súbitamente la oscura certeza de que algo no va bien. Un pálpito que te hace detenerte en mitad de la calle mientras la música suena y el tráfico irrumpe en tus pensamientos con su agradable sintonía de zumbidos.
Por un instante deseas correr, comprobar que todo sigue como lo dejaste, que no has hecho sino malinterpretar cualquier otra sensación. Quieres liberarte de las cadenas del tiempo y el espacio y asegurarte de que no eres más que un paranoico bajo la lluvia. Paranoico, sí, esa es la palabra.
Restando importancia a tus sensaciones (o al menos así lo crees al ritmo de la música y junto al infernal zumbido de los coches) sigues caminando, no tiene sentido seguir parado en mitad de la acera esperando como agua de mayo una revelación espontánea sobre lo que es cierto y lo que no que sabes que no llegará.
Sangre. La sangre fluye desde una arteria seccionada con rabia y frustración. El brillante e inmaculado filo de un cuchillo de cocina ensuciado por el inexorable y rojizo atardecer de la vida. Un gemido agónico y no hay nada que hacer. Dos ventanas a la inmensidad del universo, muerto y vacío.
Súbitamente la oscura certeza de que algo no va bien y todo se detiene. La noche ha llegado y la música sigue sonando y el tráfico sigue irrumpiendo en tus pensamientos.
martes, 6 de octubre de 2009
Atardecer
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1 comentario:
Me ha gustado este texto, hacia tiempo que no me terminaban de molar las cosas que escribias OwO
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