Creo que algo tremendamente obvio es mi afición por una literatura a la que a mí me gusta llamar mentalmente literatura épica. Obviamente no soy el único por estos lares al que le llaman la atención este tipo de historias, así que qué os voy a contar a vosotros. No obstante como no tengo nada de qué hablar últimamente, mientras estaba husmeando en la papelería (la chica tardaba un montón en fotocopiar mi DNI...), se me ha ocurrido una idea para una serie de entradas. En un principio se me han ocurrido muchos nombres, pero últimamente tiendo mucho a la sencillez de títulos.
La serie tratará de esos momentazos que hacen que no puedas levantar la vista del papel, que no puedas dejar de leer ni aunque tengas diarrea aguda. Esos momentos que, sea por lo que sea, te impactan.
Esos momentos en los que una película-bodrio se convierte de repente para ti en el mejor film de la historia. En los que haberte pasado medio juego de mala gana parece haber merecido la pena.
Esto implica, obviamente, una burrada de spoilers, así que quedáis avisados.
No quiero excederme en cuanto a texto por ser la primera entrada y porque ya me he pasado un huevo soltando todo el rollo, así que voy al asunto. El momentazo épico al que voy a dedicar la primera entrada es uno de los más importantes de la lista, a mi parecer, por no decir el que más. Fans de El Señor de los Anillos, me refiero a aquello que pasó en el capítulo 5, El puente de Khazad-Dûm (preparáos para un copypaste de los gordos):
Legolas se volvió y puso una flecha en la cuerda, aunque la distancia era
excesiva para aquel arco tan pequeño. Iba a tirar de la cuerda cuando de
pronto soltó la mano dando un grito de desesperación y terror. La flecha cayó
al suelo. Dos grandes trolls se acercaron cargando unas pesadas losas y las
echaron al suelo para utilizarlas como un puente sobre las llamas. Pero no
eran los trolls lo que había aterrorizado al elfo. Las filas de los orcos se habían
abierto y retrocedían como si ellos mismos estuviesen asustados. Algo
asomaba detrás de los orcos. No se alcanzaba a ver lo que era; parecía una
gran sombra y en medio de esa sombra había una forma oscura, quizás una
forma de hombre, pero más grande, y en esa sombra había un poder y un
terror que iban delante de ella.
Llegó al borde del fuego y la luz se apagó como detrás de una nube. Luego
y con un salto, la sombra pasó por encima de la grieta. Las llamas subieron
rugiendo a darle la bienvenida y se retorcieron alrededor; y un humo negro giró
en el aire. Las crines flotantes de la sombra se encendieron y ardieron detrás.
En la mano derecha llevaba una hoja como una penetrante lengua de fuego y
en la mano izquierda empuñaba un látigo de muchas colas.
-¡Ay, ay! -se quejó Legolas-. ¡Un Balrog! ¡Ha venido un Balrog!
Gimli miraba con los ojos muy abiertos.
-¡El Daño de Durin! - gritó y dejando caer el hacha se cubrió la cara con las
manos.
-Un Balrog -murmuró Gandalf-. Ahora entiendo. -Trastabilló y se apoyó
pesadamente en la vara.- ¡Qué mala suerte! Y estoy tan cansado.
La figura oscura de estela de fuego corrió hacia ellos. Los orcos aullaron y se
desplomaron sobre las losas que servían como puentes. Boromir alzó
entonces el cuerno y sopló. El desafío resonó y rugió como el grito de muchas
gargantas bajo la bóveda cavernosa. Los orcos titubearon un momento y la
sombra ardiente se detuvo. En seguida los ecos murieron, como una llama
apagada por el soplo de un viento oscuro, y el enemigo avanzó otra vez.
-¡Por el puente! - gritó Gandalf, recurriendo a todas sus fuerzas ¡Huid! Es
un enemigo que supera todos vuestros poderes. Yo le cerraré aquí el paso.
¡Huid!
Aragorn y Boromir hicieron caso omiso de la orden y afirmando los pies en
el suelo se quedaron juntos detrás de Gandalf, en el extremo del puente. Los
otros se detuvieron en el umbral del extremo de la sala, y miraron desde allí,
incapaces de dejar que Gandalf enfrentara solo al enemigo.
El Balrog llegó al puente. Gandalf aguardaba en el medio, apoyándose en
la vara que tenía en la mano izquierda; pero en la otra relampagueaba
Glamdring, fría y blanca. El enemigo se detuvo de nuevo, enfrentándolo, y la
sombra que lo envolvía se abrió a los lados como dos vastas alas. En seguida
esgrimió el látigo y las colas crujieron y gimieron. Un fuego le salía de la nariz.
Pero Gandalf no se movió.
-No puedes pasar -dijo. Los orcos permanecieron inmóviles y un silencio
de muerte cayó alrededor-. Soy un servidor del Fuego Secreto, que es dueño
de la llama de Anor. No puedes pasar. El fuego oscuro no te servirá de nada,
llam a de Udûn. ¡Vuelve a la Sombra! No puedes pasar.
El Balrog no respondió. El fuego pareció extinguirse y la oscuridad creció
todavía más. El Balrog avanzó lentamente y de pronto se enderezó hasta
alcanzar una gran estatura, extendiendo las alas de muro a muro; pero Gandalf
era todavía visible, como un débil resplandor en las tinieblas; parecía pequeño
y completamente solo; gris e inclinado, como un árbol seco poco antes de
estallar la tormenta.
De la sombra brotó llameando una espada roja.
Glamdring respondió con un resplandor blanco.
Hubo un sonido de metales que se entrechocaban y una estocada de fuego
blanco. El Balrog cayó de espaldas y la hoja le saltó de la mano en pedazos
fundidos. El mago vaciló en el puente, dio un paso atrás y luego se irguió otra
vez, inmóvil.
-¡No puedes pasar! -dijo.
El Balrog dio un salto y cayó en medio del puente. El látigo restalló y silbó.
-¡No podrá resistir solo! -gritó Aragorn de pronto y corrió de vuelta por el
puente-. ¡Elendil! -gritó-. ¡Estoy contigo, Gandalf!
-¡Gondor! -gritó Boromir y saltó detrás de Aragorn.
En ese momento, Gandalf alzó la vara y dando un grito golpeó el puente
ante él. La vara se quebró en dos y le cayó de la mano. Una cortina
enceguecedora de fuego blanco subió en el aire. El puente crujió, rompiéndose
justo debajo de los pies del Balrog y la piedra que lo sostenía se precipitó al
abismo mientras el resto quedaba allí, en equilibrio, estremeciéndose como una
lengua de roca que se asoma al vacío.
Con un grito terrible el Balrog se precipitó hacia adelante; la sombra se
hundió y desapareció. Pero aún mientras caía sacudió el látigo y las colas
azotaron y envolvieron las rodillas del mago, arrastrándolo al borde del
precipicio. Gandalf se tambaleó y cayó al suelo, tratando vanamente de asirse
a la piedra, deslizándose al abismo.
-¡Huid, insensatos! -gritó, y desapareció.
El fuego se extinguió y volvió la oscuridad. La Compañía estaba como
clavada al suelo, mirando el pozo, horrorizada.
Nada que añadir, salvo que esta escena es única en cuanto a la impresión que te deja si la ves en el cine. Sobra decir que la frase de Gandalf ya es legendaria. ¿Qué os parece a vosotros?
Para no daros más la paliza, hasta la próxima, pequeños.
¡Nos vemos!
9 comentarios:
Es una buena idea para hacer entradas! Aunque por culpa de eso de no poder soltar el libro aunke te ests muriendo me he tirado hasta las 5 de la mañana enganchada a Harry Potter y a los libros de Laura Gallego en general :P U.U y no veas que sueño!
Sobre la escena, poco que decir es genial!
Te alegrará saber que la siguiente escena que tengo pensada es de una de esas dos sagas...
No sabía que estabas trabajando!! No me lo dijistee!! Que la IRAAA caiga sobre ti ¬¬
Ahh, hace por lo menos un par de años que vi El Señor de los Anillos y recuerdo esa escena claramente, sobre todo la cara de Gandalf (Ian Mckellen, aqui servidor innegable fan suyo ^^) cuando agarrado al "cacho" piedra decía lo de "huid insensatos" .... brr los pelos como escarpias nene xD A mi me hace ilu alguna entrada de estas pero de HP, además que a ti no te vendría mal para recordar cosas, ¿a que no? ^^
XD es verdad sucio perro estupido a mi tampoco me dijiste que estabas currando ¿y de ke curras? A y me tienes ke aclarar la frase de tu subnick y tenemos ke kedar pa jugar a Magic ¬¬ xD ke de cosas se me vienen a la cabeza de golpe
Al final va a resultar que este hombre no nos quiere... T__T
Empecé ayer y me enteré el lunes, jope... que me he pasado la semana poniendo el vista, cómo os lo puedo comunicar? xDDD
La de HP la tengo que pensar aún, porque hay muchas escenas épicas, pero concretamente se me vienen tres a la cabeza...
Tío, es un blog público, no me hagas estas cosas, que si te lo lee alguna de las personas responsables de la edición del libro, te pueden meter un puraco por no haber pedido permiso par la publicación de parte de su contenido. Te lo digo como colega, que sabes que yo trabajo en artes gráficas y sé como las gastan si ven algo fuera de lo normal.
Pon x ahi abajo que es sin animo de lucro y con caracter educativo! como mi profe de economia xD ke asi no te dicen nada! (weno si quieren te lo dicen supongo) XDDDD
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