Me seco una lágrima antes de que se me escape (no quiero defraudarla, mucho menos ahora), pero se me escapa una risa que más suena a quejido. Porque duele.
Habéis oído hablar de los miembros fantasma, ¿verdad?
Cuando alguien pierde una mano, o el brazo, o la pierna, aún pasa un tiempo creyendo que sigue estando ahí, encogiéndose al pasar cerca de un mueble para no golpearse un codo invisible, o estirando un muñón hacia la zapatilla al levantarse…
Creo que sucede algo parecido con los corazones abandonados. Rotos o enteros, eso no importa. Pero lo que molesta realmente es sentir un vacío donde antes había algo… algo así como un amor fantasma.
Un amor fantasma en mitad del pecho. A mano izquierda.
Que aprieta, presiona desde dentro como si intentase salir. Y lo normal, teniendo en cuenta las puñaladas que supone esto para los pulmones, sería dejarlo correr, liberarnos de ello… pero no puedo. Me es absoluta e irremisiblemente imposible.
Yo ya me he hecho fan oficial suyo, ¿y vosotros?
Me voy, que Marciano se emperra en darnos clase.
¡Nos vemos!
2 comentarios:
Esto...acabo de ver que eres de Alcalá, y yo estoy viviendo en Madrid. ¿Por que carajos no hemos quedado aun, eh?
Por cierto, sí. William escribe de lujo, no me pierdo entrada ;)
Publicar un comentario