viernes, 8 de enero de 2010

Generación

El tiempo pasa. Creo que es algo evidente (...). Pero además la gente cambia. Hace tiempo que quería reunir estos dos textos en una misma entrada, y hoy me ha dado la vena. El primero lo recibí en un evento del Tuenti (una gran fuente literaria, sin duda...)(aunque creo que ha salido de algún blog) y el segundo, lo leí en Years of Hope, Days of Rage, aunque Sara lo tenga medio abandonado.

Sencillamente quisiera que les echarais un vistazo, porque a mí me han parecido la mar de interesantes. Sin más, os los dejo aquí mismo.

La infancia artificial
Cuando paso por el parque de mi barrio ya no me siento segura.
Esa sensación de calidez, de estar a gusto mientras juegas y no pensar qué hora es, de que es una extensión de tu casa... ha desaparecido. Ahora paso corriendo, sin pararme a ver las personas ni la vida. Paso sin pasar, estando en otro mundo de prisas y horarios.
Bajaba a comprar mi bolsa de chuches, le contaba lo que hacía y con quien había quedado, que si mi prima hacía tal cosa o mi hermano ya no estudiaba. La jubilación llegó a esa tienda de alimentación y ahora sólo es un 'Una barra, gracias'.
Acompañaba a mi madre, a hacer sus recados y sentirme mayor si me dejaba ir a comprar algo sola. Recuerdo el olor de la droguería, sus juguetes y cosas útiles que me parecían fascinantes. El olor de la zapatería, de cómo el dependiente limpiaba las botas antes de dárnoslas y de su sonrisa. La panadería los domingos, llena de gente, cuando acompañaba a mi padre y le echaba la bronca por comerse siempre él el primer currusco.
Cuando los sábados significaban alquilar una película y verla en familia, comer palomitas y llamar a una pizza. Y los domingos íbamos al rastro, a algún museo, a casa de la abuela o casa de mi primo.
Los días en que mi mejor amigo aún vivía a dos calles de mí y no nos separábamos. Las cenas entre nuestros padres, que se alargaban hasta la madrugada, y nosotros suplicábamos quedarnos a dormir juntos cuando era la hora de irse.

Al pasar por el parque de mi barrio no entiendo lo que hablan, las tiendas ya no son familiares y no hay dependientes con sonrisas. Ya no te regalan un muñeco de azúcar el día de tu cumpleaños. Los columpios de hierro han sido sustituidos por esculturas más seguras. Los niños ya no pueden inflarse a chuches al salir del colegio, ahora se quedan jugando con el ordenador o, lo que es peor, haciendo deberes cuando aún están en primaria. Y yo ni siquiera tengo tiempo para darme cuenta.

Mi pasado desaparece cuando no quiero soltarlo y esta infancia me parece tan artificial...


El objeto de esta misiva es la de reivindicar una generación.
La de todos aquellos que nacimos entre los 70 y 90 (un par de años arriba, años abajo), la de los que estamos trabajando de algo que nuestros padres ni podían soñar, la de los que vemos que el piso que compraron nuestros padres ahora vale 20 o 30 veces más, la de los que estaremos pagando nuestra vivienda hasta los ¡60 años!.
Nosotros, no estuvimos en la Guerra Civil, ni en mayo del 68, ni corrimos delante de los grises, no votamos la Constitución y nuestra memoria histórica comienza con las olimpiadas del ‘92.
Por no vivir activamente la Transición se nos dice que no tenemos ideales y eso que sabemos de política más que nuestros padres y de lo que nunca sabrán nuestros hermanos pequeños y descendientes.
Somos la última generación que hemos aprendido a jugar en la calle a las chapas, la peonza, las canicas, la comba, la goma, el rescate o el bote bote y, a la vez, somos la primera que hemos jugado a videojuegos. Hemos ido a parques de atracciones o visto dibujos animados en color. Los Reyes Magos no siempre nos traían lo que pedíamos, pero oíamos (y seguimos oyendo) que lo hemos tenido todo, a pesar de que los que vinieron después de nosotros sí lo tienen realmente y nadie se lo dice.
Se nos ha etiquetado de generación X y tuvimos que tragarnos ‘bodrios’ como: Reality Bites, Melrose place o Sensación de vivir, que te gustaron en su momento, pero… vuélvelas a ver, verás que chasco.
Somos la generación de Compañeros, de Al salir de clase…Lloramos con la muerte de Chanquete, con la madre de Marco que no aparecía, con la mala leche de la Señorita Rottenmayer.
Somos una generación que hemos visto a Maradona hacer campaña contra la droga, que durante un tiempo tuvimos al baloncesto como el primero de los deportes (Gracias Chicho!).
Hemos vestido vaqueros de campana, de pitillo, de pata de elefante y con la costura torcida; nos pusimos bombers sin miedo a parecer skin heads. Nuestro primer chándal era azul marino con franjas blancas en la manga y nuestras primeras zapatillas de marca las tuvimos pasados los 10 años (Esas J’hayber!).
Entramos al colegio cuando el 1 de noviembre era el día de Todos los Santos y no Halloween, cuando todavía se podía repetir curso. Fuimos los últimos en hacer BUP y COU, y los pioneros de la E.S.O. Hemos sido las cobayas en el programa educativo, somos los primeros en incorporarnos a trabajar a través de una ETT y a los que menos les cuesta tirarnos del trabajo… Siempre nos recuerdan acontecimientos de antes que naciéramos, como si no hubiéramos vivido nada histórico.
Nosotros hemos aprendido lo que era el terrorismo contando chistes de Irene Villa, vimos caer el muro de Berlín y a Boris Yeltsin borracho tocarle el culo a una secretaria; los de nuestra generación fueron a la guerra (Bosnia, etc.) cosa que nuestros padres no hicieron; gritamos OTAN no! bases fuera!, sin saber muy bien qué significaba y nos enteramos de golpe un 11 de septiembre.
Aprendimos a programar el vídeo antes que nadie, jugamos con el Spectrum, odiamos a Bill Gates, vimos los primeros móviles y creímos que Internet sería un mundo libre. Somos la generación de Espinete, Don Pimpón y Chema ‘el panadero farlopero’.
Los que recordamos a Enrique del Pozo cantando con ganas ‘abuelito dime tu…’. Los mundos de Yupi y las pesetas rubias con la cara de Franco en algunas de ellas. Nos emocionamos con Superman, ET, los Goonies o En busca del Arca Perdida. Los del bocata de chorizo y mortadela y también Phosquitos, los Tigretones eran lo mejor, aunque aquello que empezaba (algo llamado Bollycao) no estaba del todo mal.
Somos la generación del coche fantástico, Oliver y Benjí… La generación que se cansó de ver las ‘mamá chicho’. La generación a la que le entra la risa floja cada vez que tratan de vendernos que España es favorita para un mundial. La última generación que veía a su padre poner la baca del coche llena de maletas para ir de vacaciones.
La última generación de las litronas y los porros, y qué narices, la última generación cuerda que ha habido.
La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia!!!!
Mirando atrás es difícil creer que estemos vivos en la España de antes: Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bags, hacíamos viajes de más de 3h sin descanso con cinco personas apretujadas en el coche y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños. Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas ni codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando se encendían las luces. No había móviles. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerras de piedras y no pasaba nada, eran cosas de niños y se curaban con mercromina (roja) y unos puntos y al día siguiente todos contentos. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas!!! Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto. Estábamos siempre al aire libre, corriendo y jugando. Compartimos botellas de refrescos y nadie se contagio de nada. Sólo nos contagiábamos los piojos en el cole. Cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente (o los más afortunados con Orión). Y ligábamos con los niñ@s jugando a beso, verdad y atrevimiento o al conejo de la suerte, no en un Chat.
Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. Sabias que se rifaba una bofetada si vacilabas a un mayor. No había nadie para resolver eso. La idea de un padre protegiéndonos, si trasgredíamos alguna ley, era inadmisible, si acaso nos soltaba un guantazo o un zapatillazo y te callabas.
Tuvimos libertad, fracaso, respeto, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.
Eres tú uno de ellos?? ¡Enhorabuena!

No hay comentarios: